En estos sesenta años de existencia del Estado de Israel esta realidad

cambió  y  muchas  de  estas  imágenes  perdieron  fuerza. Con  el  desarrollo

económico,  la  sociedad  israelí  fue  adquiriendo  un  carácter  más  urbano  y

capitalista,  corroyendo  así  el  sentido  agro-pastoril  y  trabajador  que  la

cultura colonizadora procuró dar a las festividades y valores judaicos. Los

kibutzim pasaron por una profunda crisis y si bien  consiguieron sobrevivir

adaptándose a las nuevas circunstancias, perdieron  su peso simbólico y la

sociedad  israelí,  a  partir  de  los  años  setenta,  pasó  a  ser  cada  vez  más

desigual.  La  democracia  todavía  se  sustenta  y  en  varios  aspectos  es

ejemplar,  pero,  sesenta  años  de  guerra  y  más  de  cuarenta  años  de

ocupación, envenenaron el alma y las instituciones, en particular en lo que

se refiere al respeto de los derechos de la minoría árabe-israelí y, más aún, a

la población de los territorios ocupados en la guerra de los seis días (1967).

 

¿Qué  sucedió?  Israel  sufre  una  doble  crisis,  ambas  convergentes  y

que se refuerzan mutuamente. Una crisis moral, producto de la ocupación

de  los  territorios  palestinos  después  de  la  guerra  de  1967 y  una  crisis  de

identidad en relación al significado del judaísmo.

 

La  relación  de  Israel  con  el  mundo  islámico,  en  particular  con  la

población palestina y sus vecinos, nunca fue simple, desde el inicio de la

colonización sionista. La llegada de los judíos era vista como una incursión

europea en el mundo árabe. Para los judíos, se trataba de retornar a la tierra

con la cual mantuvieron un vínculo durante dos mil  años y donde siempre

tuvieron una presencia, a no ser en los períodos en que fueron expulsados

de ella. La sensibilidad de la mayoría de los líderes sionistas en relación a

los sentimientos de la población árabe dejó siempre que desear, y, a su vez,

los  liderazgos  palestinos  y  árabes  siempre  anunciaron  la  voluntad  de

expulsar la población judía y posteriormente destruir el Estado de Israel.

En tanto defendían el derecho a su existencia dentro de las fronteras

generadas por la guerra de independencia, las acciones del ejército de Israel

eran legítimas y apoyadas por buena parte de la opinión pública occidental.

 

Pero, la conquista de Cisjordania, Gaza y el Golán en la Guerra de los Seis

Días  creó  la  ilusión,  inicialmente  de  los  gobiernos laboristas  y

posteriormente de derecha, de que sería posible mantener indefinidamente

el  control  de  esos  territorios  y  colonizarlos  gracias  a  la  polarización  del

mundo en la época de la Guerra Fría.

 

La conquista y colonización llevaron a una situación de deterioro moral,

de  debilitamiento  de  la  democracia,  actos  ilegales, desperdicio  de  enormes

recursos económicos, distorsión de la capacidad estratégico-militar, pérdida de

vidas,  desvío  del  objetivo  de  construcción  de  un  Estado  mayoritariamente

judío y abandono del apoyo de la opinión pública internacional.

 

Obsérvese  que  esta  lista  no  incluye  los  enormes  costos  que  la

ocupación  tuvo  para  el  pueblo  palestino.  No  es  que  ellos  no  deban  ser

contabilizados. Pero mi argumento es auto-centrado a propósito: la ocupación

y la colonización fueron nefastas para el Estado de Israel y produjo enormes

dilemas morales para aquellos que se sienten comprometidos con su destino.

 

PREGUNTAS GUÍA:

¿Qué proceso describe el autor?

¿Existió ese proceso?

¿Concordás con lo que describe el autor? ¿En que si y en que no?